Viajando lento por la carretera, el sol agonizaba tras las
nubes que me impedían verlo, solo afilaba al punto dorado la orilla de los
cerros. Sentí tu adiós. Sentí que te ibas de aquí, de este mundo, de tu México,
que es más tuyo que de muchos de los que hemos nacido en esta tierra.
Sentí que te ibas, y busque la primer canción con la que te conocí, que ni siquiera era tuya. Pero hablaba de ti. Por un instante aquel pintor de Úbeda dibujo en mi mente a una mujer como un tigre, agazapado, pero no esperando a atacar. Calmada, suave, morena. Tremendísima mente melancólica. Y fue como llegue a ti, a tu voz que alimenta esas heridas que quedan en el corazón, las que no cierran nunca, las que arden aun más cuando son viejas que nuevas.
Sentí que te ibas, y busque la primer canción con la que te conocí, que ni siquiera era tuya. Pero hablaba de ti. Por un instante aquel pintor de Úbeda dibujo en mi mente a una mujer como un tigre, agazapado, pero no esperando a atacar. Calmada, suave, morena. Tremendísima mente melancólica. Y fue como llegue a ti, a tu voz que alimenta esas heridas que quedan en el corazón, las que no cierran nunca, las que arden aun más cuando son viejas que nuevas.
Ahora recuerdo tu voz, el dolor de tu ser. Te intento ver al
lado de Friducha, amándola como solo ustedes pudieron entenderse. Recuerdo tu Llorona rasgando partes de mi alma que jamás
creí sentir. Te recuerdo llorando en el escenario. Te extraño ahora más que
nunca.
Y aunque te quedaste más de lo que tu cuerpo soportaba, tu
alma no podía irse de aquí, pues en cada canción te dejaste un trozo de ella. Y
cada canción que alimenta el corazón del pueblo que te aplaudió siempre jamás te
dejara partir. Así que discúlpanos que el resto de tu alma que ahora se
desprende de tu gastado cuerpo a donde quiera que vaya, se vaya mutilada. Pero sé
que así lo quisiste tú. Pues en cada canción nos dejas tú más intimo ser.
Ahora te vas, y siempre extrañare tu ausencia. Te vas como
siempre quisiste: cantando. Pero tú, tú no nos extrañes. Ve allá, a donde
habitan Frida y Diego, donde Mercedes Sosa, donde Violeta Parra. Y sigue
alimentando tu corazón con la compañía de todos aquellos que forjaron tu
escencia única y excepcional.
Pero déjame a mí, tu amigo de la soledad, hallarte una buena
noche calurosa de verano a las faldas del Tepozteco, en tu bello Ahuatepec!
Déjame a mi ir hasta ti, hasta el Boulevard de los sueños rotos, y aprender a reír como lloras tu mi Chávela!
Déjame a mi ir hasta ti, hasta el Boulevard de los sueños rotos, y aprender a reír como lloras tu mi Chávela!
Siempre te amare, amiga mía! Hasta siempre, que en
el último trago nos vamos.
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